Vista del muro fronterizo en el punto en que llega al Pacifico. Fotografía por Jeff Foott.

 

John Fanestil saluda a ciudadanos Mexicanos a través del muro durante un servicio religioso en Domingo.
Foto por Krista Schlyer.
 

 

Corte del camino a través del paisaje silvestre de la Montaña de Otay para facilitar la construcción del muro fronterizo. Fotografía por Roy Toft.

 

Vista aérea del Estuario de Tijuana, un área de humedales de importancia internacional.
Fotografía por Roy Toft.
 

 

Un niño juega sobre el oleaje a la sombra del muro.
Fotografía por Kevin Schafer.
 

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Gracias! 

 

 "Odio ver una muralla por todos lados”
por Krista Schlyer
25 de enero, 2009

Frente a la muralla de acero de 5 metros erigida entre San Diego en los Estados Unidos y Tijuana en México, el sacerdote John Fanestil cortó pedazos de tortilla para pasarlos a través de las estrechas separaciones en el muro, y dárselas a ciudadanos Mexicanos en el lado opuesto. Antes de que comenzara el ritual que ha venido realizando a lo largo de tres meses al pie de esta frontera de alta vigilancia, el notó lo adecuado que resultaba que su agrupación se encontrara bajo la sombra del primer monumento fronterizo instalado entre los Estados Unidos y México en los 1800s. Desde entonces, han habido muchos inicios sobre este punto en la frontera, así como un tortuoso linaje de consecuencias que les han seguido.

A mediados de los 1990s, San Diego reforzó su cumplimiento de leyes fronterizas, una de cuyas medidas fue construir uno de los primeros tramos de barda a lo largo de la frontera con México. Sin embargo, esta medida no logro detener la inmigración y el trafico de drogas en esta región; de hecho, después de una década de reforzamiento de la infraestructura y aplicación de leyes, la inmigración ilegal ha incrementado en Estados Unidos, mientras que en San Diego siguen gastando millones de dólares para reforzar el cumplimiento de las leyes fronterizas. Pero las bardas y los enrejados masivos de acero han conseguido un impacto real: Han recorrido el trafico hacia localidades remotas que anteriormente eran paraísos para la vida silvestre y para pequeñas comunidades de gente que buscaba algo de paz y tranquilidad. Por otro lado, esto ha dado lugar a una nueva generación de muros y de infraestructura fronteriza, impactando aun mas la vida silvestre y las tierras en la frontera.

Es por eso que estamos aquí.

El construir bardas ha dado lugar a mas de ellas, y cuando éstas no logran evitar que la gente entre a Estados Unidos, en respuesta a la demanda de fuerza de trabajo barata y de drogas, se reconstruyen muros aun mas altos. Hasta hoy, estamos en proceso de construir cerca de 1,120 km de muro, lo cual tendrá un costo de
miles de millones de dólares a lo largo del tiempo de vida útil de la estructura, con la idea de continuar la construcción hasta extenderla a todo lo largo de la frontera internacional del sur de Estados Unidos.

Esta barrera este-oeste podría extenderse considerablemente a lo ancho de Norte America, en medio de las áreas mas diversas del continente, en donde los corredores de biodiversidad norte a sur son esenciales para la sobrevivencia de innumerables especies, incluyendo jaguares, lobos grises mexicanos, ocelotes, borrego cimarrens y jaguarundis.

Hemos comenzado una jornada de tres semanas, con un equipo integrado por 8 fotógrafos, biólogos y un grupo de filmación, con el fin de observar, documentar y divulgar una historia que comenzó justo en este lugar, en San Diego, y que ha venido ocurriendo en medio del paisaje de la frontera durante mas de una década, sin siquiera producir una solución real que pueda vislumbrarse, y con una lista de víctimas aun mas larga que la misma frontera.

En San Diego, hace dos días visitamos Smugglers Gulch, un valle en las colinas costeras cuyo territorio es compartido por ambas poblaciones fronterizas. En este lugar observamos cantidades incalculables de tierra suelta, como parte del proceso de construcción de mas capas de muro. En esto quedaron convertidas lo que eran barrancas de drenaje hacia el estuario de Tijuana, un humedal de trascendencia internacional, según lo acordado en el Tratado de RAMSAR. Y los ecólogos de este lugar creen que el escurrimiento de sedimentos procedente de este proyecto de construcción masiva, podría condenar este único estuario, un lugar lleno de vida que además constituye un refugio de tranquilidad para la gente de la región.

También visitamos el Desierto de la Montaña de Otay, una área desértica designada que el Departamento de Seguridad Nacional (Homeland Security) esta utilizando ahora para extraer material para la construcción de muros, para lo cual ha hecho cicatrices de caminos en un
Paisaje que apenas un mes atrás era un paraíso para la vida silvestre y para la gente.

Y hemos visto el muro en su extremo en el Océano Pacifico, donde durante generaciones la gente ha venido a encontrarse con sus familiares para hacer picnic, bailar, celebrar misa, para besarse, regalarse tortillas hechas en casa e intercambiar canciones.

En los 1970s, La Primera Dama Pat Nixon dedico este sitio a la amistad, dándole el nombre de Friendship Park. En su dedicatoria ella dijo “Odio ver una barda en cualquier lugar”.

Vamos a ver aun mas bardas durante las próximas tres semanas, en toda la frontera desde aquí hasta Brownsville, Texas.


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